NADA EN QUE CREER

no nos queda ya nada en que creer,
ni siquiera en nosotros mismos
que tanto nos hemos decepcionado.
No hay pues objetivo ni meta a alcanzar. . .
. . . . . . . . . . . . . . . . ni esperanza.
Todo queda mortecino a la espera de la nada,
mientras el paso del tiempo
pesado, es la antesala solemne
del aburrimiento infinito.