TARDE DE FUTBOL
Me llevaba mi padre
el domingo por la tarde
cada quince días sin falta.
Por el camino antes de entrar
me compraba regaliz
y caramelos al Sanchez
toda una institución,
allí en la vieja “Creu Alta”
Después en la gradería
al empezar el partido
de pie entre aficionados
yo veía bien poca cosa
solo tenia ocho años
y era de poca estatura.
Reconocía el peligro
por lo fuerte que la mano
mi padre me apretaba,
o los gritos y uiuiuis
cuando el Sabadell
alguna ocasión creaba.
Si metían algún gol
más que gritos, alaridos
sonaban por todo el campo
y yo que también gritaba
a pesar de no ver nada,
solo el humo que flotaba
de puros y cigarrillos.
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