BANDERAS DE MAYO

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Lugar: SABADELL, Barcelona, Spain

jueves, 28 de noviembre de 2024

A MI PADRE








Recuerdas Santiago,
aquel sábado en París;
para ti era la primera vez,
para mi la que hacía tres.
a las siete de la mañana ya estábamos en las Halles,
acojonados ambos, perdidos en medio
de inmensos pasillos llenos de marginados
que sólo nos miraban.
finalmente y en encontrar la salida,
aliviados, llegamos al centro Pompidou,
que - obviamente - a aquella hora
estaba cerrado. Pero no Notre Dame.
*
Después, el desayuno en aquel café típico,
al lado del Sena. Croissants de verdad
de aquellos inventados por los pasteleros vieneses,
y un enorme tazón de café con leche
y a pie - lo recuerdas Santiago - desde allí
hasta la Torre Eiffel en los campos de Marte.
Hora y media larga de Quai d'Orsay
con parada a medio camino en el museo del Louvre.
No entramos, y no por el precio - bien, en parte si -
simplemente nos costó mucho darnos cuenta
que se entraba por aquella horrorosa y antiestética
cúpula de cristal en medio de la plaza interior.
que era la escena final de el Código da Vinci,

aunque esto lo supimos después.

Una vez cumplido el ritual de subir al segundo piso
de la torre Eiffel que no es gris como pensábamos,
más bién de un tono beig claro.
Subir arriba del todo es muy complicado,
con una inmensa cola de japoneses,
que pronto te hace desistir de tu propósito.
Nos hicimos unas fotos que no salieron después,
y desde allí - Lo recuerdas Santiago -
desde allí te enseñé París.

Al abandonar los campos de Marte - ahora ya en metro -
llegamos hasta Montmartre,
ayudados por un funicular, hasta arriba

donde el Sacre Coeur contempla Paris.
Recorrimos las viejas calles,
hasta llegar a la plaza - no recuerdo el nombre -
donde están todos los pintores, colores y olores del mundo.
*
Una inmensa multitud de gente de todos colores
- Perdóname la redundancia
curioseaba en busca de un nuevo Cezanne
Y después de llenarnos de luz y olores, aquella comida
- Lo recuerdas Santiago -
sopa de verduras y huevos fritos con patatas,
y cerveza de la de verdad. Viva Italia!
pues de allí eran los dueños del restaurante.
aunque lo regentaban unos paquistaníes.

Por la tarde, de vuelta otra vez a las Halles,
ahora vivo y lleno de vida, rebosante de gente.
un tren triste y abarrotado nos llevó de vuelta.
te diste cuenta Santiago, que nosotros,
sólo nosotros dos, éramos blancos
Mil razas y mil colores recogían los vagones.
caras tristes y cansadas en la mayoría de los casos,
poca niños, y en cada parada
- Que hay muchas -
los vagones se iban vaciando de gente
que bajaba silenciosa y apresurada.

Al llegar a Marne la Vallée,
íbamos casi solos y allí se acabó el viaje,
bajamos del tren y al subir arriba
volvíamos a estar donde la mañana,
a la entrada de Disneyland Paris.

Pero este es otro espectáculo.
.

EL JARDIN DE NADIE









A través del camino
atravesamos el bosque
bajando hacia el llano,
el aire ya no levanta sus olas
sobre nuestras cabezas.

Todo se ha quedado quieto
suspendido en el tiempo.
Seguimos andando,
tocamos el suelo,
pisamos el suelo

cansado y lleno de hojas.
Allí hay una valla,
del jardín de nadie,
un jardín que no nos pertenece.
Muy cerca, alguien 

está cortando rosas.
.
Karl Wolfovitz





sábado, 9 de noviembre de 2024

EN EL VACÍO

En el vacío todo es silencio, 
no hay gritos histriónicos, 
solo una pérdida de vocablos. 

Las epopeyas son un juego travestido 
que poco a poco se borra de la memoria. 
Un abismo opaco. 

El latido de los océanos va disgregando 
el acantilado a golpes de espuma, 
la erosión es lacónica, 
y todo se precipita en el mutismo. 

Todo está destinado a extinguirse. 
En el vacío, la existencia es un naufragio. 

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EL ODIO

Miren qué buena condición sigue teniendo

qué bien se conserva
en nuestro siglo el odio.
Con qué ligereza vence los grandes obstáculos.
Qué fácil para él saltar, atrapar.

No es como otros sentimientos.
Es al mismo tiempo más viejo y más joven.
Él mismo crea las causas
que lo despiertan a la vida.
Si duerme, no es nunca un sueño eterno.
El insomnio no le quita la fuerza, se la da.

Con religión o sin ella,
lo importante es arrodillarse en la línea de salida.
Con patria o sin ella,
lo importante es arrancarse a correr.
Lo bueno y lo justo al principio.
Después ya agarra vuelo.
El odio. El odio.

Su rostro lo deforma un gesto
de éxtasis amoroso.

Ay, esos otros sentimientos,
debiluchos y torpes.
¿Desde cuando la hermandad
puede contar con multitudes?
¿Alguna vez la compasión
llegó primero a la meta?
¿Cuántos seguidores arrastra tras de si la incertidumbre?
Arrastra solo el odio, que sabe lo suyo.

Talentoso, inteligente, muy trabajador.
¿Hace falta decir cuantas canciones ha compuesto?
¿Cuántas páginas de la historia ha numerado?
¿Cuántas alfombras de gente ha extendido,
en cuántas plazas, en cuántos estadios?

No nos engañemos,
sabe crear belleza:
espléndidos resplandores en la negrura de la noche.
Estupendas humaredas en el amanecer rosado.
Difícil negarle patetismo a las ruinas
y cierto humor vulgar
a las columnas vigorosamente erectas entre ellas.

Es un maestro del contraste
entre el estruendo y el silencio,
entre la sangre roja y la blancura de la nieve.
Y ante todo, jamás le aburre
el motivo del torturador impecable
y su víctima deshonrada.

En todo momento, listo para nuevas tareas.
Si tiene que esperar, espera.
Dicen que es ciego. ¿Ciego?
Tiene el ojo certero del francotirador
Y solamente él mira hacia el futuro
con confianza.

«El odio», de Wisława Szymborska

descontexto.blogspot.com

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